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Relato erótico de sexo oral de una escort de Barcelona
Relatos Eróticos

Relato Erótico: "Una comida Griega"

lunes 02 septiembre 2013
Lo que va a leer a continuación es una relato erótico que cuenta el encuentro entre un cliente habitual de PerlaNegraBCN y una escort griega con un cuerpo de escándalo y unas especialidades que vuelven loco a cualquier hombre.

Era sábado, la noche anterior había sido movidita. Había hecho dos servicios y se había acostado tarde, el segundo cliente quería salir un rato a los bares con ella y así habían hecho. Resultado, cuatro de la mañana entrando en su casa, pero su juventud y ganas de trabajar, su cuidado de hasta el más inadvertido detalle, la hacían estar perfecta para el día fuerte de la semana.

De hecho, la despertaron con una llamada de PerlaNegraBCN preguntándole si estaría libre para la hora de la comida. Consultó su agenda y dijo que sí, que podía atender al cliente a medio día. La jornada empezaba bien, como a ella le gustaba, con hombres deseando verla. La chica tenía veinticuatro años; su melena negra apuntaba su origen griego, y sus medidas 95-60-95 hacían todo lo demás.

Era una de las más solicitadas. El cliente, asiduo a las chicas de PerlaNegraBCN, había visitado la web y se había fijado en ella inmediatamente. Sus ojos habían recorrido con impaciencia la foto ampliada de la mujer y leído con avidez sus especialidades: Francés completo y facial, lluvia dorada, lésbico, duplex, atención a parejas, beso negro. Soy 
ama me encanta castigar a hombres .

"¡¡¡Buffff!!! , no sabría por dónde empezar con esta chica", exclamó él frente a su ordenador. Sintió que se excitaba más y más y que el pantalón se le quedaba pequeño entre las piernas. Hizo por pensar en cualquier otra cosa pero no pudo más que contactar con PerlaNegraBCN y solicitar los servicios de la griega para esa misma mañana, nada de esperar a última hora del día, ¿para qué?, él quería lo que quería, que se desnudara para él, verla practicar ese francés completo y... ¡facial!

Y, ¿por qué no? Que lo azotara, que le diera en la cara, total, luego la iba a penetrar todo lo que quisiera, ésa sería su respuesta para la imponente griega. Salió de su despacho con el ánimo de ir al aseo y refrescarse la cara, tenía que concentrarse en lo que estaba haciendo, no había ido extraoficialmente a la oficina en sábado para estar tan distraído.

Sin duda, a sus cuarenta y cinco años, se había ganado un premio, toda la semana trabajando y, además, con buenos resultados, era motivo más que suficiente para pasar una noche inolvidable con aquella mujer de tierras lejanas. Parecía una de esas diosas esculpidas en mármol, inalcanzable, pero con solo una llamada, había conseguido una cita con ella.

Había acordado encontrarse con la griega a la una y media en la chambre Nice. Él tenía por costumbre comer a medio día, aunque vivía en Barcelona ya dos años, seguía con los horarios de su país de origen, Bélgica. Estaba tomando un sandwich y una cerveza en una terraza, al lado de PerlaNegraBCN; el sol de otoño lo bañaba, le encantaba la espera que estaba viviendo.

No conseguía saborear el bocado porque la chica no salía de su pensamiento. Nunca había visto nada igual, qué cuerpo, qué melena negra, qué culo, qué tetas; estaba ardiendo en deseos de verla trabajar para él; quedaba media hora para la cita, su corazón se aceleraba y de nuevo sentía una erección. Aún a pesar de lo excitado que estaba, sabía controlarse muy bien.

Iba a retrasar su corrida lo máximo, le gustaba más el camino que la llegada, incluso. Clavar sus ojos en los de ella mientras le hacía ese “francés completo y facial”, escuchar y ver cómo le gustaba darle placer, no podía más, tenía que tocarla ya. Pidió la cuenta y observó la entrada de PerlaNegraBCN.

¡Ahí estaba ella! Entraba en ese momento, no podía creer lo que había visto, ¿de verdad se iba a correr en la cara de aquella diosa en cuestión de un rato? Su pulso se aceleró, pidió un whisky solo, lo bebió de un trago y esperó a que se le bajara un poco la excitación. Cuando se sintió más tranquilo, se levantó y caminó hacia la entrada del establecimiento.

Fue recibido correctamente y acompañado a la habitación. Eligió esta habitación porrque le gustaba la combinación de colores rojos y blancos, los espejos y la decoración que mostraba. El servicio de habitaciones había traído una botella de champán. Se detuvo a observar su reflejo, veía a un hombre a punto de hacer realidad una gran fantasía sexual con una chica espectacular. Sonrió y más aún cuando llamaron a la puerta. Era la una y media, ahí estaba ella.

La invitó a pasar, la saludo cortésmente y descorchó la botella. Ella le devolvía la sonrisa; ambos se recorrieron el cuerpo con la mirada, se gustaron, no siempre es así, pero se gustaron mucho. Ella captó la excitación de él inmediatamente y le preguntó ¿qué quieres? A lo que nuestro hombre respondió con exactitud: Todo.

Así que la diosa griega procedió empujándolo para que cayera en la cama y quitándose el vestido, las medias, el sujetador... Él también, solo se dejó los pantalones puestos. Sus ojos se deslizaban por el cuerpo de la chica y su erección era durísima, se sentó en el filo de la cama.

Ella se arrodilló frente a él, desabrochó el botón, bajó la cremallera y se introdujo su sexo en la boca, empezó a chuparle con todas sus ganas, él lanzó un gemido al verla, al sentir su parte más íntima en contacto con su lengua ardiente. Hizo por no correrse, para lo que la tuvo que agarrar de la melena negra y separarla de su cuerpo. La diosa griega le pegó en la cara, él la miró más excitado todavía, en la breve espera, ella le volvió a pegar, y le dijo con altanería mientras le ponía el condón con rapidez ¿a qué esperas? ¿no te atreves o qué?

Con sus palabras encendió al hombre y, atropelladamente, le arrancó los pantalones. Él la lanzó a la cama y ella le sonrió con malicia. Se puso encima de ella y entró en su cuerpo, entre sus piernas, rápidamente, con fuerza, se deslizó en su vagina y miró su cara, ella estaba disfrutando tanto como él, se movió fuerte dentro de ella y a punto estaba de correrse cuando ella le preguntó ¿te gustaría irte en mi cara?

A lo que él respondió que sí, que eso era todo lo que quería en ese momento. Volvió a 
chupársela con ganas y fuerza , y él se quedó absorbido por la imagen, sus ojos negros clavados en los de él, los sonidos que sus labios y su lengua hacían, se contuvo lo que pudo, pero no tardó en dejarse llevar y ver cómo su esencia masculina caía por la cara de ella, aquella hermosa griega, que había satisfecho sus fantasías y a la que seguro volvería a solicitar.
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